Pensaba la anciana en lo triste que es sentirse sola. A pesar de los hijos amorosos, de los amigos, de las voces telefónicas, de los perritos tan fieles como la fe y tan cariñosos como los rayos del sol.
Pensaba en los abrazos y besos de aquel hijo que pronto se fue al Cielo y del Papá del hijo, es verdad, quedaron los brillantes hermanitos y los trozos de memoria feliz. Pero cuando llega la noche, con su crepúsculo dorado y el silencio clama por un abrazo, viene el Maestro, aunque no lo veamos, y dulcemente, con un dedo en los labios, nos transmite: –estoy aquí, estoy aquí… y forma una ronda dulce y armoniosa con aquellos que amamos y nos aman. Y me sigue hablando: – estoy siempre con tus seres amados, no inmóvil ni yerto, sino activo, siembro rosas y violetas por donde vas a pasar. Te sigo en las noches que crees estar muy sola y te repito una y otra vez, el amor verdadero, el amor luminoso, siempre estará contigo, no lo olvides, y los años de la Tierra son el preámbulo de los que te esperan en el Espacio, todavía tienes muchas alboradas por vivir y amar, y acá te necesitan porque todos necesitan, tu también, aprender a ser feliz, a ser feliz. Se fue la sombra luminosa y me quedó en las manos un olor a rosas y en el alma un precioso sonido musical. La joya vino de Emilio: – cuando los vengo a visitar, vuelvo a soñar y a vivir, nada es en vano, ya lo verás.
¿Y qué es la moral?… Simplemente la voz de nuestra conciencia, todo lo que indica el Bien, supremo don del hombre, y lo que es mas llamativo para todos, que esa vocecita vibra en nuestro interior sin que nos demos cuenta. Cuando niños nos parece que dentro de nosotros hay un hueco sonoro ocupado por la Voz, después los estudios, los descubrimientos de la adolescencia, los distintos caminos de nuestra vida van arrinconando el claro tintineo de la campanita de cristal hasta que un dolor, un desengaño, o simplemente un giro del tiempo, cuando descubrimos que dejamos atrás la fantasía y el ensueño nos pone frente a frente con la vida que tenemos por delante.
El pasado ya fue y aunque encontremos con el tiempo ido recuerdos, anécdotas, personas, ya no lo podemos cambiar. El futuro depende de la Voluntad Divina y de nuestra propia manera de ser. En cambio, el presente es lo que tenemos más a mano para vivirlo de acuerdo al bien, al amor, al pensamiento sano.
Como me ocurre a mí, Lucita, le ocurre a todas las personas conocidas o no, nos hayan servido de ejemplo o sean nombres queridos que forman parte de nuestro ayer, de nuestro hoy o sea, parte de nuestra alma sin que nadie lo alcance a describir. Allá en mi infancia -un poco lejana pero siempre tenida en cuenta por mi sensibilidad- la vida me brindó exquisitas posibilidades de aprender de mis mayores. Una de las personalidades inolvidables que tuvo mucho que ver con mi forma de ser -aún ahora- fue mi abuelo paterno. Lo conocí ya adulto, con su acento itálico pero de pronunciación correcta, Don Luciano, de una moral intachable, de un carácter que yo definía en mis primeras descripciones poéticas de acero y terciopelo.
Alto, de pelo entrecano y bigote recortado, de barba bien dibujada, ojos profundos y celestes, voz que manejaba con distintos tonos y su amor profundo por su esposa – Josefina- sus hijos y sus nietos. Impartía autoridad y respeto pero mucho cariño por todos y por la Patria. Solíamos tener largas charlas, y el estaba contento de poder dejar en una de sus nietos -yo-, sus recuerdos y experiencias. Cuando tenía lugar el almuerzo familiar, separaba fruta y pan en un canasto y llamando con un silbido a un niño, hijo de los peones que laboraban su campo, le entregaba el cesto con esta recomendación: -para mamá y hermanitos, eh cusolino! (niño en calabrés).
Sabía conocer a la gente, al necesitado lo ayudaba en lo que podía y siempre repetía: -llegué a América con una mano delante y otra atrás, hubo muchos que me ayudaron ¿Cómo no voy a ayudar a otros, ahora que puedo? Abuelo Luciano: fuiste ejemplo de moral sin haber ido a la escuela, sabías leer y escribir, hablar la Castilla y hacer feliz a todos. El bien siempre fue tu estrella. Me siento feliz de ser tu nieta. Dios y la Virgen María te tengan en su santa gloria.
La leyenda es el conocimiento de un suceso, de un ser material o no, transmitido en forma oral de persona a persona, de pueblo a pueblo, o simplemente, de abuelos a nietos. Con el tiempo se enriquece el conocimiento con ideas mas o menos acordes al texto en cuestión y queda en la memoria popular, a la espera de un momento propicio para ser contada.
En Barracas, lugar cercano a La Boca, donde se conserva aún en nuestros días costumbres y ritos que tienen que ver con la Fe Cristiana y con la Tradición, hay una iglesia muy antigua, dedicada a Santa Felicitas, donde los fieles asisten a Misa y los niños aprenden el catecismo para la primera y segunda Comunión. Se celebran bodas tradicionales y se le rinde culto a los muertos con una misa especial, actividades estas comunes a todas las parroquias. Pero esta iglesia -lo que mucha gente no conoce- fue levantada en honor a Santa Felicitas, porque en los tiempos antiguos había en el Viejo Buenos Aires familias de abolengo y buen posición económica que llevaban una vida social discreta pero animada, y en el seno de una de las familias más nombradas, había una que llevaba las palmas en cuanto a amistad y conocimiento se tratase, pero lo mas valioso -así lo creían y divulgaban los orgullosos papás de la Niña Felicitas- muy festejada y admirada por los jóvenes petimetres de la época.
Llegó el día en el que la joven agraciada en mitad de un ceremonioso baile pidió ser escuchada porque tenía algo importante para decir y jugueteando con una blanca rosa que en mitad de su pecho lucía, explicó que dentro de una semana se casaría con el elegido de su corazón, dejando a todos asombrados por la inesperada noticia. Cuando la concurrencia se acercaba para felicitarla de la novedad, se oyó una voz bien timbrada pero temblando de emoción que dijo estas palabras: -no llegará esa noche, porque serás mia o de nadie. El joven que pronunció esas palabras proféticas desenfundó un arma y disparó un certero balazo que fue a dar en el inocente pecho de Felicitas Guerrero, que se desplomó en el acto y el autor de semejante felonía aprovechó la confusión para darse a la fuga.
Padres y novio trataron de socorrer a la niña pero todo fue en vano, murió en el acto. Después de todos los trámites y deberes, los afligidos padres convinieron en hacer levantar un santuario dentro de la iglesia, bajo la advocación de Santa Felicitas, la santa de la cual la niña llevaba con mucha fe el nombre. Pasaron las épocas, la iglesia siguió con su cristiana función, la plaza se llena de niños jugando y los enamorados van a pedirle a la Santa protección y ayuda. Pero dicen que en las noches hermosas de luna llena, dos sombras amadas se filtran por el atrio y penetran en la iglesia que debía sellar el sacramento de la boda. Como leyenda es conmovedora, pero yo no lo iría a comprobar a las doce de la noche al suceso sentimental. Ustedes ¿Irían?
Dice la leyenda que había una flor única, de blancos pétalos aterciopelados que tenían la virtud de trocar su albo color por varios matices: azul, violeta, amarillo, rosado, según el pensamiento de quien la pudiese contemplar.
La planta exótica y ya extinta, estaba orgullosa de su flor y pensaba: -sabrán los hombres que cada paso que dan pueden transformarlos en ángeles luminosos o en oscuros seres del mal? -Así como yo soy sensible al pensamiento de quien me mira, la vida humana puede ser luminosa, con muchas probabilidades de reflejar la luz maravillosa del ocaso, de la mañana, del mediodia, o puede ser tan oscura como la incomprensión, el orgullo o la vanidad.
Así pensaba la flor de mi relato, hasta que un colibrí -preciosa y alada joya volátil- la alcanzó a oir y le contestó, henchido de sí mismo: -yo soy tan hermoso como tú, pero además, puedo volar y llevar alegría y emoción al hombre triste. Soy de los que llevan consigo el secreto de ser feliz.
La flor no se sintió ni vencida ni extinta: -cuando mi planta madre haya cumplido su misión, volveré al seno de la Tierra, donde tendré un descanso feliz hasta que una de mis semillas brotará y seré otra vez, en la eternidad de la Naturaleza, lo mismo que tú. El picaflor quedó un momento pensativo y le argulló: ¿Sabes que tienes toda la razón del mundo? Tu y yo somos la prueba de que la creación es eterna. Y con una revoloteo retomó su ruta. Los reinos vegetales y animales son precursores del hombre, puede morir su cuerpo, pero nunca ¡Nunca! Morirá su Alma.
Querubina es el personaje real, famoso en el círculo de amistades, familia y amigos eventuales de Villa Domínico, el hermoso lugar donde nací y al que siempre recuerdo con un poco de nostalgia y un mucho de amor.
En ese lugar encantado por los recuerdos y las vivencias, vivía Doña Querubina, madre de 11 hijos y esposa enamoradísima de su cónyuge, Don Miguel. Los dos habían nacido en la pintoresca Calabria -región bellísma de Italia-, donde recaló en el barrio Las Rosas la mamá de Querubina con su prole, respirando el suave aire de la provincia de Buenos Aires. Querubina se afianzó a las buenas costumbres del trabajo, significando para todos un hermoso eslabón entre la lejana -ahora- Italia y la Argentina prometedora de bienestar y familia.
En los atardeceres policromos, cuando volvía de la fábrica donde aprendió el oficio trabajoso y útil de tejer en el telar la capellada de zapatillas llamadas Alpargatas, conoció al apuesto Miguel, no tardaron en bordar un romance que derivó en lucido casamiento. Hasta aquí, la historia verdadera como la luz del día.
Pero en toda vida normal hay un rayo misterioso que otorga magia y distinción al carril más humilde de los distintos caminos de cada uno y en la vida sencilla de Querubina se relacionó cierta persona que conocía secretos y artilugios de antiguas creencias y en los viajes de regreso al hogar en el antiguo tranvía 22, le fue insuflando breves y concisos conocimientos esotéricos a la hermosa Querubina.
Así fue como mezclado con acento italiano y fuerte olor a santidad, la fue iniciando en los profundos conocimientos del arte de curar. Al llegar a su humilde morada, le contó a Miguel de sus nuevos y puros ideales que fueron recibidos con paciencia y dulzura por el comprensivo esposo. Por las noches Querubina le pedía a Dios y a la Virgen del Carmen que la guiasen y si ella tenía alguna facultad o intuición, que la pudiese utilizar para el Bien, unicamente para el Bien. Así las cosas, se durmió dulcemente cuando pudo entrever un rostro y escuchar una voz masculina que le decía:
– Querubina, soy tu Papá, que tuve que irme al cielo cuando ustedes eran muy pequeños, no temas porque siempre te vengo a ver y si tu quieres, podemos hacer en el nombre de Dios y la Virgen del Carmen, muchas cosas buenas.
Se esfumó el sueño y Querubina despertó. Estaba contenta y no sabía porqué. Pero desde esa bendita noche, su blanca mano y sus ojos verdes, sabían curar a los niñitos con empacho, a las viejitas con desgano y a los hogares enredados con malos entendidos, transformarlos en nidos de ternura.
El papá de Querubina, invisible pero certero, siempre la ayudó en su obra de bien, gracias a su compañerita Manuela y a los angeles, además de saber llevar a su hogar con su esposo Miguel y sus niños, trabajar en la fábrica Masllorens, ser bonísima madre y abuela, Querubina sabía ayudar con la fe y los dotes del Amor que Dios Padre le había otorgado. ¡Cuantos iluminados que puedan leeer estos apuntes sabran que es verdad lo que les digo!
Es difícil que los grandes -adultos- perciban en el aire todas las cosas inmateriales que traen las hadas, por ejemplo, en cierta casona del barrio tandilense en el que veraneo se pueden observar, sobre todo a la hora incierta en la que el día se va a dormir y la noche se viste de gala para asombro de los mortales comunes, se pueden visualizar alegres sombras que juegan al escondite. Los pájaros silvestres saben de estas andanzas y alguna que otra personita -grande, tirando a senil o jovencita soñadora a la que le cuesta un poquito la lección de inglés- dan descanso a la mente soñadora y comienzan a percibir frases en idiomas desconocidos: jeringoza de mi infancia, lenguas brasileñas o dialectos cuasi-desconocidos, olvidados por la gente normal pero tenidos muy en cuenta por los pocos soñadores que aún moran en el plano tierra.
El caso es simple: una señora de edad algo más que madura, acariciada por la suave briza de octubre, hamacándose a compasadamente en la cómoda chaise-longe (hamaca de otrora) y dejándose llevar por hermosos recuerdos infantiles. De pronto se percibe un silencio con olor a jazmín y la voz cascada de un viejo duende sobreviviente de la época grácil en la que los patines estaban de moda y las plazas se poblaban de niños bullangueros, en el ruido feliz de corridas ahora detenidas por el impass de la ausencia, se escucha una conversación -no es una conversación cualquiera-, está hecha de palabras entreoídas y los parlantes no son ni las viejitas tejedoras ni los niños traviesos, son dos palomitas de presencia común y corriente pero en realidad de palomitas tienen las formas: piquitos rojos y alitas recién emplumadas, pero en realidad son dos almas juguetonas que decidieron por un momentito tomar la forma dulce de dos palomitas torcazas a la que los niños avanzados de hoy, con juguetes supersónicos y canciones en boga, conocen -a las palomitas- como pequeñas aves asustadizas y las toman como seres endebles y deseosas de volar.
Por un instante, dejan sus costosos juguetes y miran con asombro el despliegue de las dulces dueñas del movimiento y el musical gorjeo, pero después, llevados por el hilo mágico que une a la infancia con la naturaleza, comienzan a querer acercarse más para alimentarlas con las miguitas de su alfajor. Pronto están los volátiles de amigas de los inexpertos pero sentidos intervinientes.
Un niño le pregunta a otro: donde dormirán? Y el interrogado se apresura a seguir el interrogatorio: ¿y qué comerán ellas y sus pichones, se defenderán de los peligros?
Cae la tarde, las mamás buscan a sus pequeños y los pseudo-pajarillos se miran entre sí y se despiden de los verdaderos plumíferos, esos de plumaje gris y patitas oscuras, los angelitos del Cielo emprenden la retirada, y prometen volver camuflados, a desarmar gomeras y a protegerlos.
Niño, si no tienen alimento, pancitos y granos, por lo menos nunca le saquen la libertad a un gorrioncito o a cualquier otro pájaro: son la prueba evidente que Dios nos protege a todos. No te parece?
Hay una ley desde la Creación del Universo, la ley de Causa y Efecto, llamada KARMA en las religiones orientales, esta ley es encontrada en todos los sentimientos, pensamientos y hechos del hombre. Nosotros en la Tierra, aquí y ahora, vemos un solo lado de nuestra vida. De nuestra encarnación actual, leemos noticias escalofriantes, sabemos de hambres y miserias, de luchas y enfermedades, cuando no podemos encontrar la justificación de algo decimos: “es el karma”. Nos estamos refiriendo a que determinado dolor o espina que se nos clava en el corazón es merecida, pero no logramos saber el porque. Cambien un golpe de suerte o una solución inesperada al problema que nos agobia es un ramalazo del recóndito Karma: una buena acción del pasado viene a redundar en una ayuda del presente pero ¿cual pasado?.
Nuestra alma vive, no una, sino muchas veces y si ahora carecemos de algo, como amor o dinero, o salud o inteligencia ¿no sera que los tuvimos a todos esos dones por doquier y no los supimos agradecer y repartir entre nuestros semejantes?
Pájaros volando hacia un hermoso cielo durante la puesta de sol. Gentileza: freepik.es
Las almas de los que mueren, sean niños o ancianos o jóvenes no van al Infierno o al Purgatorio o al Paraíso para siempre: tienen todas otras miles de oportunidades para completar el maravilloso cuadro del vivir. No debemos despreciar ningún segundo de nuestra vida, debemos confiar en Dios Padre Creador y en Jesús El Cristo, que nos harán ver la diferencia entre el sufrir para progresar y el vivir sin comprender.
Los pájaros cantan al alba,
yo canto al amanecer
ellos cantan porque saben
yo canto para aprender.
La alegría como el amor tienen que acompañar al latido de nuestro corazón. Dios Padre siempre nos recibe y nos ama ¿no le parece?
Adolescente con la oración en la naturaleza soleada. jcomp. Gentileza: freepik.es
En un limonero de ramas lustrosas las flores blanquecinas de azahar daban su penetrante aroma, con el correr de los días los hermosos racimos de flor se transformaron en pequeños frutos que ganaron hora tras hora, tamaño y lozanía.
Flores de azahar. gentileza: freepik.es.
Habían madurado y lucían amarillos y rozagantes. La morena mano del hombre, encargado de cuidarlo y protegerlo, los fue arrancando uno a uno, destinándolos a un cesto que pronto rebozo de frutos amarillos y con el tesoro ya recogido se encamino hacia la casona. En tanto los frutos conversaban entre si: los había humildes, que esperaban ser utilizados en distintas variedades de alimentos, otros mas creídos de si mismo, aguardaban ser prolijamente envueltos y enviados por avión a diferentes destinos. Hasta que se oyó la voz de uno de ellos, fragante como todos, que mostró su pensamiento feliz: “yo no estoy para adorno, con mi pulpa jugosa se hará un exquisito dulce, con mi cascara se dará fortaleza al mate de mi ama, y con mis semillas se prepararan infusiones curativas para el reuma y otras enfermedades dolorosas”. Los otros limones sonrieron y comprendieron: todos ellos podían ser útiles preciosos para el consumo, no habían crecido y madurado en vano. Como el limón de mi historia, yo tampoco nací para adorno nomas, tengo que ser útil a mi mismo y a los demás. Por algo Dios Padre y la Naturaleza nos hicieron nacer, florecer y madurar. ¿No le parece?
Luz para las mentes argentinas. del espacio y del plano tierra. Cada país tiene un destino que se va forjando a través de la Historia y el Tiempo. No se puede adelantar la estación de las cosechas sin haber sembrado antes. Los maestros del Espacio enseñan que el que siembra viento, recoge tempestades, pero el hermano que siembra paz y conocimientos verdaderos esta preparando el terreno para cosechar progreso y comprensión, no creáis nunca que las ideas nacen solas. Las ideas de bien y de justicia vienen traídas de la mano de antiguos guías nobles y evolucionados que quieren ver a la Patria envuelta en rayos áureos de luz y amor. En este caso, estamos hablando de la querida República Argentina y os recuerdo, que no es con sangre como se adelanta en el camino del progreso, es con humildad y con fe, la fe que llevan los nobles de corazón y los verdaderos patriotas del amor. No temáis porque adelante de vosotros esta Jesús el Nazareno, trayendo la paz, tan necesaria a cada ser humano y a cada nación. El pasado esta lleno de buenos ejemplos, de patriotas -hombres y mujeres elevados-, pero también tiene nubes oscuras, de injusticias y fracasos. El presente tiene que ocupar las mentes en buenos pensamientos. Las manos en herramientas de luz y los cuerpos tienen que cumplir misiones de trabajo evolucionado. No hay días porque si, hay presentes difíciles, como este que les toca a los argentinos, pero desde el espacio hay buenísimos hermanos que atraen fuerzas del bien, madres y hermanos, alumnos y maestros, en la unión de ideales y en la ayuda mutua esta el verdadero adelanto. A las mujeres todas de la patria argentina, fe y fortaleza. Estamos destinados a ser ejemplo de amor y progreso. En la tierra tuvimos nombres, hoy venerados por algunos y despreciados por otros. En el espacio somos legión de amor que os cubren, os brindan paciencia y fortaleza para que llevéis a vuestros hijos al bien y al Paz. Argentina es tierra de paz y aunque cueste se mantendrá siempre al lado de Jesús y de los ángeles. El cielo en la tierra se llama Patria. Adiós.