El clima predispone el ánimo. Hay días que amanecen tormentosos, con ráfagas que parecen polares y con cielos nublados, grises, y pensamos por lo general ¡Qué dia feo! Y sin embargo, no es así, porque con el clima pasa lo mismo que un gran poeta de Buenos Aires, Ferreira Basso, decía con mucha sencillez verdadera:
“Todo es según con el cristal con que se mira”

¡Cuánta verdad en esa frase poética y realista! Que la podemos aplicar al clima y a muchas cosas mas…
El tiempo es una de ellas, pero también, en la vida, tenemos resortes en el alma que cuando se ponen en acción nos dan motivo para aplicar la frasecita. Por ejemplo, lamentada soledad, no solo de los ancianos, sino de la soledad que puede atravesarnos en cualquier momento:
Un niño pequeño, que está con su cuaderno y juguetes, ve con alborozo las primeras gotas de lluvia y exclama: ¡Está lloviendo!

Y alza sus bracitos al cielo y siente el frescor del agua con alegría. Una mamá corre al tendedero donde dejó prolijamente la ropa recién lavada y se apresura a llenarse los brazos de blancas prendas que huelen a perfume de jabón especial y corre con su preciado tesoro al interior de su vivienda. Un hombre que laboró la tierra pidiendo a Dios para la irrigación de sus semillas preciadas, ve con regocijo como el maná del cielo, el agua, se escurre entre las piedrecitas y fecunda la tierra sedienta. Así el tiempo acompaña los distintos momentos de la vida y nadie se acuerda ya de la antigua copla:
“Agua, San Marcos
Patrón de los Charcos
Para mi durazno
que ya tiene flor
para mis sembrados
y para mis campos”
y en las ciudades que suspiran por sus callecitas atestadas de autos, camionetas, vehículos en los que el hombre se desplaza tratando de huir del húmedo de las nubes convertidas en surtidores plateados, el esposo fiel pugna por llegar a su hogar. El alegre joven quiere la tibieza del abrazo femenino. Los frentes de la casa parecen rostros acicalados y la mamá con su pequeño en brazos, lo arrulla, dando gracias al Padre que ambos -madre e hijo- están a salvo de la inclemencia aparente del tiempo. Mientras aguarda al bravo compañero que le suministra amor y refugio.
Si, es cierto: todo es según el cristal con que se mira.
Los que estamos bien tengamos un pensamiento de amor para los que no encontraron amparo en la tarde de lluvia.
El fuego secará sus ropas y la tibieza del amparo divino hará que todos se encuentren bien.
Como decía mi abuelito Luciano: “Al mal tiempo, buena cara”. Pero él lo decía al abrigo de su rancho, criollo refugio que construyó con sus propias manos y las de mi padre y tíos, pensando que el noble techo y las rústicas paredes de adobe iban a tener la dulce misión de ser el nido de toda la familia y del que precisara un rincón para vivir .
Así fue, pero esa es otra historia, porque este relato ha empezado por la variante del clima, pensando, que feliz es el hombre cuando tiene un hogar. Aún el solitario o la solitaria, si tiene un techo por humilde que sea debe sentirse agradecida/o a la vida y al tiempo que le toca vivir
¿No le parece?
