Todos, absolutamente todos, grandes y chicos, importantes y comunes, bichitos y animales de
toda especie, plantas, parásitas y cuidadas, viejos, jóvenes, recién nacidos, enamorados y
estudiosos, vagos y bohemios, todos tenemos derecho a vivir.

Aunque muchas veces no nos demos cuenta del sagrado derecho de que estamos haciendo uso, sin saber cuando será el día que cambiemos de forma, si, porque tanto tememos a la señora de túnica violeta y sonrisa sarcástica que no le damos tiempo a la mejor amiga del alma que es la Imaginación, que sabe
hacer frente a todos los dolores y problemas que nos puede dar eso que llamamos Vida.

La vida que vivimos es apenas un trozo de nuestra eternidad, propia y personal, nada más que
el Creador nos ama tanto y tan bien que apenas recordamos los pedacitos de existencia: nos
hacemos humanos porque en algún momento queremos ser y sentir, elegimos una mamá y un
papá y nos lanzamos a la gran aventura de ser humanos.
Maestros, psicólogos, sacerdotes, nos intentan explicar el misterio de la Vida, pero es muy
difícil aceptar los dolores y los goces que nos puede ir deparando nuestra vida.
Pienso que debemos de agradecer la oportunidad que significa vivir nuestro tiempo y con toda
la inocente libertad a nuestro albedrío. Podemos estudiar, elegir amigos, vivir en comunidad o
quedarnos en soledad, eso es el libre albedrío.
Y cuando encontramos en un día señalado, el amor verdadero, vivimos contentos y creamos -o pensamos que creamos-, una forma de amar, de estudiar, de vivir y somos felices si encontramos el ideal y envejecemos pensando que la vida verdadera nos pertenece, seamos jóvenes, niños, viejos o deambulemos por el Espacio sin saber que nos hemos muerto hasta que un Ángel nos toma de la mano y nos muestra que nuestro pequeño papel humano entró en receso, en un intervalo pero nuestro Espíritu, eterno como la Luz, tendrá más oportunidades de Vivir y Ser feliz, Ser feliz. ¿No es maravilloso?
