Cuando los reinos hablan

En este sábado de sol, doy gracias a Dios y a Jesús y a los Ángeles por la Vida y le pido a las
Fuerzas del Bien por la Patria, los Hogares y todos los seres que se despierten en la Argentina
hermosa, y que el trabajo, el sustento y la hermandad no falten en los argentinos corazones.


Este día tiene que ser y será de amor para todos, para mí también, tenemos que ser capaces
de doblegar la soledad, la miseria, la intranquilidad. Como florece el trebolar después de la
tormenta, nuestra alma tiene que florecer en el silencio prístino de la mañana. Junto con el sol y
el cielo azul, tenemos que ver a nuestra propia Alma que es una luz dispuesta a alumbrar
nuestra propia tristeza y convertirla -a la tristeza- en fuerza motriz para saludar y compartir la
vida con los amigos eternos: los recuerdos y las esperanzas, las plantas y los pájaros, los libros
y las oraciones.
Dios del Cielo y de la Tierra, pon Paz y Ternura en los corazones, en el infante y en el joven, en
el anciano y en el solitario que espera, en los países apurados por vivir y en los que quieren el
Amor y el Conocimiento.
Dios Padre llega hasta la lóbrega cárcel, el atiborrado hospital, la calle desprotegida por el
hombre y salvaguardada por la Protección. En este día, hoy y todos los días, nuestra alma es
una canción por cantar, un poema por escribirse, una caricia para compartir. Si no hay ninguna
persona a tu vera, mírate al espejo y sonríe: tu eres una parte de la Humanidad y tu Ser
Humano forma parte de la Creación, no lo olvides, tienes que importarle a tu Yo Intimo porque
eres una partecita del Creador que tiene para ti la Vida.

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