Querubina

Querubina es el personaje real, famoso en el círculo de amistades, familia y amigos eventuales
de Villa Domínico, el hermoso lugar donde nací y al que siempre recuerdo con un poco de
nostalgia y un mucho de amor.

En ese lugar encantado por los recuerdos y las vivencias, vivía Doña Querubina, madre de 11 hijos y esposa enamoradísima de su cónyuge, Don Miguel. Los dos habían nacido en la pintoresca Calabria -región bellísma de Italia-, donde recaló en el barrio Las Rosas la mamá de Querubina con su prole, respirando el suave aire de la provincia de Buenos Aires. Querubina se afianzó a las buenas costumbres del trabajo, significando para todos un hermoso eslabón entre la lejana -ahora- Italia y la Argentina prometedora de bienestar y familia.

En los atardeceres policromos, cuando volvía de la fábrica donde aprendió el oficio
trabajoso y útil de tejer en el telar la capellada de zapatillas llamadas Alpargatas, conoció al
apuesto Miguel, no tardaron en bordar un romance que derivó en lucido casamiento. Hasta
aquí, la historia verdadera como la luz del día.

Pero en toda vida normal hay un rayo misterioso que otorga magia y distinción al carril más humilde de los distintos caminos de cada uno y en la vida sencilla de Querubina se relacionó cierta persona que conocía secretos y artilugios de antiguas creencias y en los viajes de regreso al hogar en el antiguo tranvía 22, le fue insuflando breves y concisos conocimientos esotéricos a la hermosa Querubina.

Así fue como mezclado con acento italiano y fuerte olor a santidad, la fue iniciando en los profundos conocimientos del arte de curar. Al llegar a su humilde morada, le contó a Miguel de sus nuevos y puros ideales que fueron recibidos con paciencia y dulzura por el comprensivo esposo.
Por las noches Querubina le pedía a Dios y a la Virgen del Carmen que la guiasen y si ella
tenía alguna facultad o intuición, que la pudiese utilizar para el Bien, unicamente para el Bien.
Así las cosas, se durmió dulcemente cuando pudo entrever un rostro y escuchar una voz
masculina que le decía:

– Querubina, soy tu Papá, que tuve que irme al cielo cuando ustedes eran muy pequeños, no temas porque siempre te vengo a ver y si tu quieres, podemos hacer en el nombre de Dios y la Virgen del Carmen, muchas cosas buenas.

Se esfumó el sueño y Querubina despertó. Estaba contenta y no sabía porqué. Pero desde esa bendita noche, su blanca mano y sus ojos verdes, sabían curar a los niñitos con empacho, a las viejitas con
desgano y a los hogares enredados con malos entendidos, transformarlos en nidos de ternura.


El papá de Querubina, invisible pero certero, siempre la ayudó en su obra de bien, gracias a su
compañerita Manuela y a los angeles, además de saber llevar a su hogar con su esposo Miguel
y sus niños, trabajar en la fábrica Masllorens, ser bonísima madre y abuela, Querubina sabía
ayudar con la fe y los dotes del Amor que Dios Padre le había otorgado. ¡Cuantos iluminados
que puedan leeer estos apuntes sabran que es verdad lo que les digo!

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